Una lata de sardinas

Una lata de sardinas

Una lata de sardinas es una conserva de sardinas (Sardina pilchardus) que suele hacerse en un medio de aceite. Se trata de un alimento graso y saludable abundante en aceites omega 3. Tienen la ventaja de no tener que ser limpiadas de sus espinas y de poder ser servidas rápidamente en una tapa, un aperitivo, el relleno de una empanada, o simplemente en forma de bocadillo (el popular “bocadillo de sardinas”). Existen versiones comercializadas de este producto conservadas en salsa de tomate, picantes, al limón, etc.
El proceso de enlatado y conserva de este pez en recipientes metálicos comenzó en el año 1895 por el ingeniero Frank E. Booth en Monterey (California), con el enlatado de sardinas del Pacífico (Sardina caerulea) en latas de metal convenientemente selladas. En España se describen procesos de conserva de sardinas desde el siglo XIX, con las primeras fábricas de producción masiva en el año 1888, como respuesta a las fábricas establecidas en Portugal para la conserva fundamentalmente de sardina y atún.

 

Las sardinas enlatadas suelen contener más contenido calórico que las cocinadas frescas debido al aceite en el que se encuentra inmerso. Las sardinas envasadas suelen estar limpias de las tripas e interiores, no obstante poseen las espinas interiores que suelen ser comestibles. La sardina es rica en contenido de vitamina D.
Hoy en día se envasan con el método denominado abre fácil: método que permite abrir la conserva sin necesidad de abrelatas.
Este tipo de sardinas en conserva tuvo su aparición estelar en la novela de John Steinbeck titulada Cannery Row (“La calle de las sardinas”) en el que los personajes de la novela se encuentran inmersos en la industria conservera de Monterey de sardinas.