Sardinas en conserva: El tratamiento térmico triplica el contenido de calcio

Sardinas en conserva: El tratamiento térmico triplica el contenido de calcio

En verano, el consumo de conservas de pescado se dispara. Muchas de nuestras ensaladas se enriquecen con atún, bonito, caballa, melva, sardinas …y abrir una lata es un gesto habitual que nos permite ganar tiempo y comodidad. Pero además de estas ventajas, desde el punto de vista nutricional son una buena fuente de proteínas, vitaminas y minerales.

En el caso de la sardina, al incluir la espina, hay un mayor aporte de calcio, que no sólo queda en la espina. Durante el tratamiento térmico al que es sometido la conserva, la espina se ablanda y este calcio pasa de la espina a la carne. Si en fresco una sardina contiene aproximadamente 50 mg de calcio por cada 100 gramos de peso, cuando está enlatada con la espina puede contener de 200 a 250 mg de calcio.

Un bocadillo de sardinas con su espina es siempre una excelente opción. Los niños y adolescentes pueden tomarlo como merienda mientras que las mujeres mayores de 50 años, que necesitan un menor aporte energético, las sardinas en lata pueden constituir un segundo plato en una comida ligera

El calcio es necesario en cualquier etapa de la vida, garantiza la buena salud de huesos y dientes y es muy conveniente para prevenir o aliviar los efectos de la osteoporosis. Pero además, el pescado azul, en general, es la única fuente natural (a excepción de la síntesis producida por la acción de los rayos solares sobre la piel) de vitamina D, imprescindible para la correcta absorción del calcio de los alimentos.

También hay que destacar el alto nível de fósforo, de todas las conservas de pescado azul, -bonito, atún, caballa, melva, sardinas …-, que se sitúa en torno a los 300 y 400 mg por cada 100 gramos de pescado en conserva. Otro de los minerales que contienen es el hierro, fundamental en la producción de glóbulos rojos y cuyo déficit provoca anemia ferropénica.